La cafeína se encuentra en forma natural en diversas plantas, frutos y semillas como las hojas de té, café, nueces de cola y granos de cacao, o bien, es producido sintéticamente para agregarlo a ciertos productos alimenticios y bebidas que se consumen cotidianamente como los refrescos de cola y bebidas energetizantes.
Por otro lado, esta sustancia también es utilizada en ciertos medicamentos como los analgésicos y aquéllos para el tratamiento del resfriado común, mostrando resultados favorables para aliviar el dolor de cabeza.
La absorción de la cafeína en el organismo es rápida y no se acumula en el torrente sanguíneo, sino que es desechada a través de la orina varias horas después de haber sido consumida, además, tiene un efecto diurético que es más o menos tolerado por cada persona, dependiendo de su consumo de la sustancia.
La cafeína del café y otras infusiones es absorbida por el estómago y el intestino delgado dentro de los 45 minutos que siguen a la ingestión, para luego ser distribuida a través de todos los tejidos del cuerpo.
La cafeína activa el sistema nervioso central a niveles más altos, provocando un incremento en la alerta y en la vigilia, un flujo de pensamiento más rápido y claro e incrementando la atención y mejora de la coordinación corporal.
En la actualidad, es común que las personas adopten la cafeína como parte de su alimentación, sobre todo por su efecto estimulante en el sistema nervioso central que permite reducir la fatiga y mantenerse alerta por un corto periodo de tiempo, sin embargo, es importante señalar que todo exceso puede ser perjudicial para la salud y esta sustancia no es la excepción, ya que cuando se consume en grandes cantidades, puede ocasionar un aumento en la frecuencia cardiaca, dolor de cabeza, ansiedad y dificultad para conciliar el sueño.